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Una extraña serenata

Acerca de guitarristas, en 1974 o 75, una madrugada, bien bebido, se me ocurrió contratar a un viejo borracho “El canario” (tocaba un cuatro) con otros dos bohemios (guitarristas) parados frente a una pollera ubicada en la Plaza Venezuela, para darle una serenata a mi amada (“Le fui a dar una serenata a mi adorada, le canté lo mejor de mi repertorio”) Marlen. Por supuesto, la sorprendí al entrar a la casa con esos músicos callejeros a la una o dos de la madrugada, me miró con reprobación. Nos sentamos en las sillas del comedor, les ofrecí de beber-era lo lógico-. El grupo pidió ron, yo continué con el güisqui. Me acompañaron, le dediqué a la negra “Noche de rondas”, el canario cantó algunas con la típica voz de borracho. No sé por qué carajo les pedí que tocaran la “cinta verde”, una canción puesta de moda por el “trío Venezuela”:       Hoy enredé a tu balcón Un lazo verde, esperanza Hoy enredé a tu balcón Un lazo verde, esperanza Con la esperanza de...

Sobre amores fallidos

Y así me enamoré de Marialba hermana de un amigo. Marialba bellísima, morena clara, ojos negros como la noche, pelo negro que le llagaba hasta la cintura, boca apetitosa, una diosa griega. Jugó conmigo, al menos eso sentí y creí. Bailábamos en las fiestas de la familia y amigos, del grupo, me incitaba a que le cantara al oído “Mi Puerto Cabello”, la hermosa canción compuesta por Ítalo Pizolante, no me ponía el típico freno de las muchachas de la época, la distancia para impedir el acercamiento de los cuerpos. Me le pegaba y sentía que la gloria me invadía y la erección súbita. Me daba esperanzas, disfrutaba de mi embeleso, del romanticismo que con el tiempo ha perdido su ímpetu inicial. Dormía mal, pasaba noches en vela fantaseando con Marialba (un año mayor que yo, ella 17, yo 16), en mi imaginación la desnudaba, la besaba en la boca, los senos, le hacía el amor en una playa a la luz de la luna, por supuesto me masturbaba pensando en ella. Perdí el apetito, me contagié del “dulc...

Recuerdos urbanos

La pandilla de la parte alta de la calle y la de la parte baja: “los pericos” No pasó mucho tiempo para el conocimiento de la existencia de una “pandilla” de carajitos, auténticos hijos de puta, que controlaban la parte baja de San Antonio, conocidos como “los pericos”. No hubo otra solución que la conformación de una pandilla defensiva integrada por los Morón, los hermanos Arrimadas (Juan Bernardo y Alfredo), Rudy, quien, aunque no vivía en el barrio, por ser primo hermano de los Arrimadas se la pasaba en la zona, Javier Valero, Manuel Pérez Soto, los hermanos Pardilla (Fernando y el “poncherita”), mi hermano y yo, y otros que se me esfuman de la memoria. En las batallas contra los “pericos” por el tema del dominio territorial, además de puñetazos y patadas, se utilizaban piedras y palos. Usualmente llevábamos la peor parte por inferioridad numérica. En mi caso, al principio, la sola mención de los “pericos” me producía terror, hasta que un día en el llamado “callejón de la pu...