Entradas

Recuerdos urbanos

La pandilla de la parte alta de la calle y la de la parte baja: “los pericos” No pasó mucho tiempo para el conocimiento de la existencia de una “pandilla” de carajitos, auténticos hijos de puta, que controlaban la parte baja de San Antonio, conocidos como “los pericos”. No hubo otra solución que la conformación de una pandilla defensiva integrada por los Morón, los hermanos Arrimadas (Juan Bernardo y Alfredo), Rudy, quien, aunque no vivía en el barrio, por ser primo hermano de los Arrimadas se la pasaba en la zona, Javier Valero, Manuel Pérez Soto, los hermanos Pardilla (Fernando y el “poncherita”), mi hermano y yo, y otros que se me esfuman de la memoria. En las batallas contra los “pericos” por el tema del dominio territorial, además de puñetazos y patadas, se utilizaban piedras y palos. Usualmente llevábamos la peor parte por inferioridad numérica. En mi caso, al principio, la sola mención de los “pericos” me producía terror, hasta que un día en el llamado “callejón de la pu...

El drama de Fulgencio o la obsesión por seguir activo en la aventura más grata desde el desventurado Adán

Imagen
Henrique Meier Fulgencio fue durante su juventud un hombre comedido como pocos jóvenes, no fumaba, ni bebía, se ejercitaba en forma moderada, se alimentaba sin incurrir en excesos, se acostaba y levantada a la misma hora, lo mismo hacía con el horario de las comidas, toda una disciplina espartana, pues. No apostaba a los caballos en los hipódromos, tampoco en los resultados de los partidos de fútbol, jamás se acercaba a una traga perras y de los bingos ni hablar. Pero, como en la viña del Señor no hay hombres perfectos, todos tenemos algún vicio, un secreto, un algo que nos desvíe del duro camino de la rectitud, Don Fulgencio era un follador insigne, singador, culeador. No había día en que el probo varón no deseara “pasar por las filas” a alguna dama. Para garantizarse revolcones seguros contrajo matrimonio desde joven-No quería seguir pagando a las trabajadoras sociales del sexo, a las servidoras públicas que alivian la líbido de los hombres tímidos que se atreven a abordar a ...

El orejón

El orejón Henrique Meier Esta historia me la contó mi amigo Luis, compañero desde la infancia desde que compartimos aula en la primaria y el bachillerato. La historia sucedió en la década de los noventa, mi amigo un hombre bien parecido: alto, cabello castaño (le envidiaba su abundante cabellera, yo que comencé a perderla a los veinte años), de complexión atlética, extrovertido, simpático. Un astuto comerciante, no era millonario, pero sí un hombre rico, casado con una bella mujer de cuerpo envidiable, no había perdido su silueta a pesar de los tres hijos del matrimonio. Y aunque, pensaba, disfrutaba esa hembra, Luis seguía mujereando. Yo le preguntaba por qué carajo seguía ligándose con una y otra no obstante tener a su lado a una exquisita esposa y madre de sus hijos. - La variedad brother, la variedad, aburre meterlo siempre en el mismo agujero, además, cuando te tiras a otras, dan ganas de singarte a la tuya, al menos eso me sucede a mí-. Pensaba que mi amigo tenía la ...