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hacia el abismo ecológico

Pueden secar los ríos, convertir en desiertos los pocos bosques que siguen de pie en esta maltratada Tierra, extinguir los hermosos animales que aún pueblan las selvas huyendo del acecho humano, pero jamás podrán entender ni apropiarse de su esencia mágica, su luz reflejada en los ojos de un halcón, el misterio de la incesante y renovada vida. ¿Qué importancia tendría a la luz de la inconmensurable dimensión de un universo en expansión el que desapareciera todo vestigio de vida en este minúsculo planeta?, es posible que, en este siglo, a menos que la comunidad internacional decida detener sin demora esta absurda carrera hacia el abismo ecológico, la Tierra sea reducida a un planeta solitario girando sin vida alrededor del sol como muchos otros en nuestra galaxia.

El sentimiento de pertenecer a una nación (no obstante las diferencias culturales regionales y locales)[1]: elemento fundamental del Estado

  El sentimiento de pertenecer a una nación (no obstante las diferencias culturales regionales y locales) [1] : elemento fundamental del Estado Es decir, a una comunidad   integrada por nexos de lengua, pasado, tradiciones y religión común: nación, viviendo en un mismo territorio y con vocación de permanecer unidos en el futuro que reclamaba un poder unificado y unificador capaz de realizar ese desiderátum: Francia, España, Italia, Inglaterra; Alemania, Rusia, etc. Entre los autores del Derecho Público, la Ciencia Política, la Sociología y la Historia se ha planteado el dilema acerca de la relación entre Estado y Nación: ¿Es el Estado la consecuencia en el plano político, institucional y jurídico del advenimiento de las sociedades nacionales requeridas en sus procesos históricos de conformación y consolidación de un poder concentrado y concentrador de naturaleza suprasocial?; o por el contrario, ¿Son las naciones o sociedades nacionales el resultado de un proyecto polí...

Sin el humor estaríamos perdidos

Sin el humor estaríamos perdidos, previene el desquiciamiento total de estos frágiles seres que somos. Lo del humor me hace recordar un libro de Milán Kundera “La broma” (1965): Ludvik Jahn, joven estudiante universitario y activo miembro del Partido Comunista checo, envía a una compañera de clase una postal en la que se burla del optimismo ideológico imperante, característico de los regímenes políticos totalitarios, expresando que el tal optimismo es el opio del pueblo y alabando a Trosky. Y por supuesto, la broma no les hace la menor gracia a los dirigentes universitarios, carentes de todo sentido del humor como todo “buen” “revolucionario”. Luego de un juicio sumario, expulsan a Ludvik de la universidad y del Partido (no hay nada que detesten más las dictaduras, en especial las ideológicas o ideocracias, que al humor y los humoristas). Pero, paradójicamente, la aparente desgracia en la que ha caído el bromista, le abre las puertas a un mundo aún desconocido. Atrapado entre dos am...

“falso mito del triunfo, que oculta para el alucinado por su brillo, la derrota que pronto ensombrecerá sus días"

Que nunca he creído en el espejismo del triunfo lo delatan mis pobres versos: “falso mito del triunfo, que oculta para el alucinado por su brillo, la derrota que pronto ensombrecerá sus días…”. Desnudarme de toda falacia, que vean mi verdadero rostro, mi cuerpo envejeciendo, porque solo soy un hombre, un grito en la oscuridad, un cúmulo de átomos y células desintegrándose, tierra pues, tierra consciente. Un hombre es su imagen, lo que otros perciben, su rostro devuelto en el espejo. Su corazón lacerado por las tristezas; un hombre son sus actos, sus desvaríos diarios, sus sueños, sus pesadillas, sus fantasías y obsesiones. El pasado, un niño apenas reconocible en pedazos de recuerdos, el adolescente de la fotografía, inquieta la mirada, incertidumbre de los quince años. Un hombre son sus deberes cumplidos, los fallidos, sus locuras, sus mentiras, sus evasiones, su egoísmo, el miedo al fracaso y el fracaso que siempre lo alcanza. Un poco de poesía, las nostalgias de un animal melanc...

“¡Oh Tierra Hembra impenetrable!

Las aves multicolores llenaron el aire con sus trinos/sinfonía de primavera eterna/Trópico alucinante/luz, luz, que invade la selva/penetra sus más profundos secretos/no había ojos humanos para contemplar el cielo poblado de alas/en la selva el rumor de vida no cesa/ni en las noches descansa el corazón de la tierra virgen…” [1] La montaña, al igual que el mar, sí, la tupida selva, los inmensos árboles, la multitud de pájaros que irrumpen el silencio con su algarabía al amanecer, el río y sus cristalinas aguas, han marcado mi sensibilidad, mi percepción del mundo. Y aunque con el tiempo me convertí en un “animal urbano”, no he dejado mi pasión por la naturaleza, un amor desinteresado, una profunda admiración por esa obra de Dios, disfrutar de esos prodigios de la Tierra, cada vez que las olas del mar me arrastran en un torbellino hacia la orilla de una playa cualquiera, recorro un camino de montaña, me sumerjo en las aguas de un río, o simplemente me siento a la sombra de un árbol ...