¡Dios! no quiero vivir de espaldas a la poesía
¡Dios! no quiero vivir de espaldas a la poesía por eso en un poema, dedicado al niño que una vez fui, digo: “Vamos en bicicleta A pie Sin dinero Sin títulos Lejos del gran señor Docto/profesor/ aburrido Mundo de intrigas/envidias Maledicencias Negra y podrida mentira De un hombre de espaldas A la poesía…” [1] Y a eso hemos venido. A ser simples testigos de estas maravillas, a mirar con los ojos del alma, a sentir el latir del corazón de la tierra. Aspirar con profundidad la brisa que viene desde la inmensidad sin principio ni fin que nos rodea. Somos incapaces de añadir un palmo a la obra del Creador, pero si podemos ayudar a conservarla. Que a la hora de la muerte tengamos la convicción de haber hecho todo lo posible por mejorar este mundo, o al menos no haber contribuido con el sufrimiento y las injusticias. En ese sentido, el sacerdote Ángel Iván Rodríguez nos invita a ser poetas de la vida: “Debemos ser poetas de la vida, para observar y admirar ...