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¡Dios! no quiero vivir de espaldas a la poesía

¡Dios! no quiero vivir de espaldas a la poesía por eso en un poema, dedicado al niño que una vez fui, digo: “Vamos en bicicleta A pie Sin dinero Sin títulos Lejos del gran señor Docto/profesor/ aburrido Mundo de intrigas/envidias Maledicencias Negra y podrida mentira De un hombre de espaldas A la poesía…” [1] Y a eso hemos venido. A ser simples testigos de estas maravillas, a mirar con los ojos del alma, a sentir el latir del corazón de la tierra. Aspirar con profundidad la brisa que viene desde la inmensidad sin principio ni fin que nos rodea. Somos incapaces de añadir un palmo a la obra del Creador, pero si podemos ayudar a conservarla. Que a la hora de la muerte tengamos la convicción de haber hecho todo lo posible por mejorar este mundo, o al menos no haber contribuido con el sufrimiento y las injusticias. En ese sentido, el sacerdote Ángel Iván Rodríguez nos invita a ser poetas de la vida: “Debemos ser poetas de la vida, para observar y admirar ...

Los humanos somos uno y múltiples a la vez

Los humanos somos uno y múltiples a la vez, la lucidez consiste en entender y aceptar esa complejidad, aprender a vivir con ella. Decirlo es una cosa, más lograrlo es otra, es un reto diario, salvo tal vez para los sabios, los poquísimos hombres y mujeres que acceden a ese estadio de “serenidad” espiritual dominado la ira, la inseguridad, los temores, los prejuicios, la envidia, los celos, los resentimientos y odios, la mezquindad, la codicia, la lujuria, el egoísmo, la soberbia, las contradicciones. ¿Por qué esa propensión tan extendida a rechazar la complejidad?, ¿temor a la incertidumbre? Sí, estoy convencido del temor generalizado a asumir el reto de afrontar la realidad, el común opta por las explicaciones reduccionistas, simplificadoras, superficiales; en una palabra, se escudan, se ocultan, en los distintos tipos de determinismos (mitos: mentiras que ocultan la verdad y pretenden legitimar el odio, la violencia y el exterminio del “enemigo objetivo”): los problemas de la soci...

A lo mejor no me creéis, pero no os miento si os digo que en España todo es mejor”.

A lo mejor no me creéis, pero no os miento si os digo que en España todo es mejor”. En esta carta abierta, el pianista y escritor James Rhodes, que se instaló en Madrid en 2017, muestra verdadero entusiasmo con su país de acogida. Consiguió un enorme éxito con 'Instrumental', libro en el que narra cómo la música le ayudó a superar el trauma de los abusos sexuales cuando era niño 18 MAY 2018 - 14:08 CEST , el país.es . Nunca he entendido del todo eso de tener un  hogar . Vale, es el sitio donde duermes y estás a cubierto, pero, al margen de eso, el concepto  hogar  no tenía para mí demasiado sentido. Supongo que me he pasado media vida huyendo. De mí o de los desastres que yo mismo he provocado, por norma general.  Pero hace nueve meses dejé de huir. Me instalé en Madrid . Encontré un hogar. Y descubrí en qué consiste tenerlo. Una cosa es conocer ese Madrid que nos ofrece el Prado, el Thyssen, el Reina Sofía. Escaparte a la hora de la comida para ir a ver el...

Matar un ruiseñor

Hoy amanecí pensando una frase: “Matar un ruiseñor”, y no es que recordara algo de la película protagonizada por Gregory Peck, sin duda uno de los   mejores films de todos los tiempos, o del libro de Harper Lee que sirvió de inspiración al guion cinematográfico, esa frase que me vino del misterioso inconsciente significa para mi muchas cosas relacionadas con la sociedad actual y con mi vida y experiencia como abogado, servidor público y profesor que fui durante más de la mitad de mis 73 años de existencia. “Matar un ruiseñor” es la destrucción de la fabulosa, hermosa,   y prodigiosa naturaleza, obra del Creador, como hoy ocurre en mi desgraciado país en el arco minero del Orinoco, por el bastardo afán de poder y la codicia; “Matar un ruiseñor” es matar la inocencia de los niños, corromperlos en la edad de la transparencia   y la imaginación, esa edad del presente eterno, sin pasado, sin futuro, tiempo de risas y de juegos, tiempo lúdico que legiones de niños no log...

El precipicio de la vejez

El precipicio de la vejez                                                                            A quienes comenzamos a caminar por la cornisa Lo llaman tercera edad Y uno hace un enorme Esfuerzo de equilibrio Para no caer en el precipicio De la vejez, Comienzas a olvidar nombres, Rostros,   lo que hiciste ayer O hace tres días, Regresas al pasado A la nostalgia Y   de pronto sin motivo alguno Lloras a escondidas, Pero el signo más desalentador y devastador Es que te conviertes en hombre invisible Las hembras no te ven Apenas te miran Como un tipo inofensivo, Ya no...

No creo que las etapas de la existencia del individuo sean ciclos cerrados.

No creo que las etapas de la existencia del individuo sean ciclos cerrados. En el anciano, en el hombre y la mujer maduros, coexisten el niño, el adolescente, el joven. Y en el niño, el adolescente y el joven se vislumbra al viejo, al anciano que potencialmente será a menos que la muerte se lo impida. ¿Cómo integrar la complejidad? Nos alegramos como niños, podemos amar como adolescentes y sufrir con la triste nostalgia de la vejez por los años idos. Alegría, tristeza, euforia, depresión, amor, compasión, odio, envidia, generosidad, egoísmo, grandeza, ruindad, esperanza, decepción, optimismo, escepticismo, verdad, mentira, coraje, miedo, todo se mezcla en la vorágine existencial. “En los años de la madurez - escribe Robert Musil- pocos hombres se acuerdan de cómo han conseguido sus placeres, la concepción del mundo, su mujer, su carácter, su oficio, sus éxitos” [1] . No entiendo a esos hombres que van por la vida con ese aire de arrogancia, de seguridad y superioridad, como si est...

¡Ah!, la vida, la vida, -este breve tiempo que pasamos en la tierra, - jamás podremos comprenderla

La innata comprensión de la menesterosidad y precariedad de nuestra especie explica el que desde los albores de nuestra presencia en la Tierra nos hayamos asociado para producir los bienes y servicios requeridos a fin de satisfacer las necesidades vitales (temor al hambre y la miseria: economía), para mantener el orden en la comunidad (temor a la violencia de propios y extraños: las formas de autoridad), para rendir culto a Dios o los dioses (temor ante el misterio de la vida y la muerte: religión), etc. Ahora bien, la sociabilidad humana por sí sola, de manera espontánea, como impulso y vocación natural, coexiste con instintos e impulsos violentos y destructivos, disociadores, antisociales; en una palabra, somos seres violentos. La desazón que produce la incompletud y que nos impele hacia la búsqueda del otro y los otros (la gregariedad), no significa que desaparezca por completo el vacío existencial. Por más que un hombre ame a una mujer y viceversa, o que se afilie e integre a u...